Texto: Jenny Cascante foto:  Camille Zurcher

El calor del día disminuye cualquier afán de movimiento. Hasta las hojas de los árboles revelan una bocanada de pragmatismo al acecho. El aumento de la temperatura evidencia la exageración de lo que llevamos puesto.

Anhelo la inundación para el oasis de nuestros ojos, como en un cruel ciclo hidrológico que arrase con la distopía que mantenemos como reflejo en el espejo.  Pero la sangre es más espesa que el agua y, eso que nos quitamos, a duras penas nos cubre en la superficie.