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Notas de La Merced


Taller de foto subjetiva impartido por Adrián Arias y Joyce García
Texto Joyce Garcia

Fotos : Carlos León, Juan Carlos Campos, Román Quiroz, Miguel Palomares, Israel Ocampo, Draienz, Karen Morales, Iliana Aguilar, Joel Gustavo, Aranza Azcanett, Quetzalcóatl Molina, Marcia Mejía, Íkaro Cruz

En territorio desconocido: contando desde las entrañas del Barrio

Escondes el objetivo, disimulas la mirada, cuidas las espaldas pero nada pasa: las cábulas se hacen presentes gritando de un puesto a otro, algunos te miran y crees que es por molestos, como aquel cuento de Bukowski titulado “No me gusta que me tomen fotos, señor”, pero la realidad es otra, es la de quien llama la atención para salir en la foto…

En la aventura de comenzar a fotografiar en la calle, las experiencias son vastas, pero ninguna como el primer acercamiento, cuando late fuerte el corazón y te atreves a entrar más, cada vez más adentro y más profundo, enfrentándose en primera instancia con uno mismo y después con el mundo; encima de eso, el espacio físico para retratar es en un lugar donde el caos y la viveza de las situaciones guía la inquietud pero desvía la mirada.

Es en éste contexto que iniciamos un taller de fotografía en el Barrio de La Merced, en la Ciudad de México. Conocido por su amplia actividad comercial, el barrio comienza su asentamiento alrededor del convento de Los Mercedarios en el siglo XVI, para después convertirse en un centro de intercambio comercial del rango de Tlatelolco, el Parián y el Volador. Es así que su desarrollo y establecimiento como lugar de compra-venta de carnes, aves, mariscos, legumbres y frutas se consolida como el más grande de la ciudad hasta el siglo XX, cuando construyen, en 1960, la Central de Abastos.

Ampliamente conocido por su dinámica de regateo, compra al mayoreo y por ser una de las zonas rojas más antiguas de la ciudad, el barrio se expande y crece a su propia medida, cautivandonos con actividades que van de lo contemporáneo a lo tradicional, del ritual litúrgico a las fiestas paganas, de las actividades en el espacio público a la intimidad de sus locales, para mostrarle a quien lo visita que el barrio fundador de la identidad nacional (es vox populi que en una de sus plazas –la Aguilita- fue donde los aztecas encontraron al águila devorando la serpiente) no es solamente hacer la despensa más económica, sino conocer a través de la experiencia propia que esta parte de la Ciudad de México tiene aún mucho por recorrer y que, como la jungla, permanece en constante cambio, inaprehensible para quien quiera catalogarla como un folclorismo más dentro de las grandes urbes.

Apuntes para iniciar a fotografiar

Con un grupo heterogéneo donde son todos jóvenes, propusimos una dinámica de taller que no se basa en el perfeccionamiento técnico sino en la exploración del barrio con la cámara como herramienta, utilizando la foto callejera para desarrollar subjetividades latentes y universos personales únicos, resaltándolo entonces como una búsqueda de los estados anímicos, de las pasiones personales o los recovecos mentales que nacen en uno, sin saber cómo.

Así, emprendimos la navegación en medio de los mares de gente, buscando cuál era el motivo en cada uno y cómo podíamos encontrar esa mirada personal en los asistentes al taller, esquivando la piel superflua y buscando más allá de las postales de catedrales e iglesias, de indígenas vendiendo frutas o de prostitutas esperando sobre la acera a su cliente: optamos por una edición colectiva que retroalimentara el trabajo de los compañeros, que moviera fibras y evolucionara imagen tras imagen, que contara desde múltiples perspectivas la vida en La Merced.

Desde los espacio de convivencia y de rescate cultural, en el caso del pulque; los choques generacionales y el porvenir de una niñez que se deja caer desde las alturas o que ríe a carcajadas; contando desde la calle de Alhóndiga, una vía donde extrañamente se ventilan los rituales de belleza; observando los oficios que componen la actividad comercial del barrio, aquellos que se levantan aún no amanece y se acuestan pasada la medianoche; los ídolos ya sea religiosos o sacrílegos, que juntos conforman la sexycachonda apología de la Merced; algunos animales que conforman uno de los habitantes más del barrio que se adueñan de las calles; los tatuajes que distinguen una piel de otra, dotándose de tanta identidad individual como les sea posible, pero también de los espacios que esperan ser poblados, escabulléndose de las rutinas de trabajo de sus habitantes.

Es aquí, en toda la vastedad de sus personajes, calles y trabajos, en donde los fotógrafos encontraron su lugar en ese mundo y así propusieron esta visión subjetiva de La Merced.

Comentarios

3

  • Giorgio Timms

    Excelentes imágenes que no sólo captan sino que también comunican realidades, sueños e ilusiones de los habitantes del barrio, desde la subjetividad de la mirada de cada fotógrafo. Felicitaciones a todos, pero particularmente a Adrián y Joyce, por los logros del taller, a propósito me gustó mucho también el texto.nn1

  • Micaela Garcia Galvez

    Interesante la propuesta , reconociendo cierto las similitudes de los barrios , el personaje creado en un imaginario citadino, la pose y el qui hubo . acá esta el carnal a poco no?? jajjaja el barrio es el barrio felicidades a cada uno de los fotógrafos por compartir lo que miraron , y festejo la coincidencia de los textos con la imagen , gracias Joyce y Adrian es un trabajo muy fructífero que da para mas encuentros

  • Rodrigo Estañol Corona

    Excelente trabajo. Saludos.