De la sección “retratos hablados”, texto y fotos por Priscilla Mora

Siempre que regrese a León, tendré un amigo esperando.

Felix, lo conocí niño, imagino que en 5 años que han pasado su cuerpo debe ser ya de un hombre, pero su corazón debe delatar aún su espíritu de niño.

En el parque de León, Nicaragua, los niños son como piezas de ajedrez que saltan de una casilla a otra. Son muchos los que allí gritan, ríen, piden, limpian zapatos y buscan ver que aprenden de todos esos extranjeros raros y medio hippies que también son piezas de este tablero que les cuento.

Felix, el guía turístico no autorizado, hace que uno se encariñe rápidamente, uno piensa que con Nicaragua, pero en realidad creo que es mas con él.

Todos los días asiste a su oficina, el Parque. La mayoría de los niños vive del “uan dolar” que piden, del almuerzo que los invitan, el paseo a la playa que se los llevan extranjeros adultos, de la tarde que se desaparecen con estos elementos foráneos, dígamos que serían como los reyes despiadados de este ajedrez.

Felix prefiere no contarme que hace con los señores que se lo llevan a San Juan del Sur una semana. Pero si me cuenta lo lindo que es el mar.