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Circo de Moscú

Circo de Moscú

Texto y fotos por Leo Goyenaga, edición Pedro Murillo

El contraste de la ciudad y sus paisajes acostumbrados josefinos se redibujan bajo la sombra del gran sombrero que se alza cada cierto tiempo sobre la calle alegría de Zapote. Y aquellos caminantes no evitan palpar sus miradas como si quisieran adentrarse dentro de ese mundo rodante de fantasía de una cultura que no muere.
¿Quién no ha ido a un circo? ¿Quién siempre ha querido ir a uno?… los circos se recuerdan desde la infancia e infantiles aún entramos en él esperando que algo nos sorprenda y nos aleje de la fría realidad de las calles.

El Circo Ruso de Moscú se viste con el ropaje clásico del Circo Suárez de México y sus olores y tintes de carpas legendarias, acróbatas en su mayoría de nacionalidad rusa, elegantes, casi como un ballet de los días mas espléndidos de la madre Rusia y sin poder faltar sus ayudantes de otras partes de América, los que nadie nota, mientras duermen lejos del glamour y de sus hogares, adentro de sus remolques esperando su turno para mantener de pie el espectáculo.

¡¡Estamos todos adentro!! y la joven con hermosa presencia de pelo rubio nos ubica en los asientos. Valentina, Valentina, se escucha su llamado en los parlantes del circo, ella corre y se transforma en una acróbata más y deleita al público con sus hula hula. Así como otros números que regocijan a la gente, dícese del Rey de las Bicicletas, con el record guiness por maniobrar la bicicleta más pequeña del mundo, una figura peculiar de añejos años con vil equilibrio sobre las ruedas.

Así, el espectáculo continúa con hombres que equilibran sobre los sentados de ojos perplejos y una que otra pausa de entretenimiento de Iván el payaso que se mezcla entre la multitud para robar sonrisas y distraer para el siguiente número.

Así, unas cuantas semanas más y luego parten hacia otra ciudad, dejando huella mientras el próximo circo nos visita…